PATRIOTISMO ES LA VOZ, POR ANTERO FLORES-ARAOZ.

 

l patriotismo no puede limitarse a poner la bandera en nuestros domicilios para las fiestas patrias, ni tampoco cantar el himno nacional en eventos y actuaciones, y menos aún en concurrir a desfiles y marchas.

El patriotismo es muchísimo más, es querer al Perú con alma, vida y corazón, como rezaba antiguo vals criollo, así como respetarlo, cumplir con su normatividad constitucional y legal, defenderlo de agresiones externas y también de las internas, sea del terrorismo, del contrabando, de la corrupción, de la delincuencia organizada como de la común, y de cualquier otro tipo de acciones u omisiones que afecten o pudiesen afectar a nuestro país.

Notamos sin embargo que no todos los ciudadanos quieren y respetan a nuestro país, y lo que es peor, hay quienes hipócritamente dicen defenderlo, pero actúan contra sus instituciones y contra principios y reglas de una sana convivencia social, por lo que es hora de no dejarnos engatusar para lo que hay que tener muy abiertos los ojos y la mente, así como los oídos para saber distinguir donde está lo verdadero de lo simulado y, con altos decibeles denunciar cuando se atropella nuestro sistema democrático, sea esto último franco o soterrado.

Quizás la falta de patriotismo haya sido ocasionada por la omisión de educación cívica desde la infancia, en escuelas y colegios, en que no se ha sabido acompañar la educación en valores que deben venir desde el hogar y, lo que es peor, cuando se dejaron de lado cursos tan importantes como la ética para estar fomentando desde el Estado un enfoque de género que lleva a dudas razonables como a interpretaciones antojadizas, pero que deplorablemente no ayudan a la formación de los educandos.

Quienes están más obligados a ser patriotas, tienen que ser nuestros gobernantes, en sus tres niveles, esto es el nacional, el regional o departamental y el local (municipio) y por supuesto los parlamentarios.  Lamentablemente no todos son patriotas, lo que se acredita con comportamientos equívocos, con expresiones inmaduras y, lo que es imperdonable con acciones que lesionan la Constitución y a los valores democráticos.

Seguramente el lector de estas líneas se preguntará a que viene todo lo expuesto, y la respuesta es muy sencilla, soy de opinión que lo que viene pasando en estos momentos en nuestro país, está originado por falta de patriotismo, así como de cultura cívica.

No hay a mi criterio motivo alguno para los enfrentamientos de los que somos testigos, entre muchos parlamentarios de un lado y del otro el gobierno central o nacional. La crisis que venimos soportando los peruanos se inició al asumir la Presidencia de la República el Dr. Pedro Pablo Kuczynski, con un Congreso en que la bancada mayoritaria, por efecto de la cifra repartidora, tenía más parlamentarios que la que proporcionalmente le correspondería con proporcionalidad aritmética, lo que derivó en que el Dr. Kuczynski no lograse concertar con la mayoría fujimorista que tenía el señorío del Congreso y actuaba verticalmente, aunque no en forma obstruccionista como se le ha endilgado sin fundamento real.

La primera fase del Gobierno Nacional elegido en el año 2016 no fue exitosa en la búsqueda de diálogo con la mayoría parlamentaria y ello, con la consecuencia de no haberse concordado en una agenda común por el desarrollo del país, la reducción de la pobreza y la elevación del nivel de vida de nuestra población.

La segunda fase del actual Gobierno Nacional, presidida por el Ing. Martin Vizcarra, asumió la conducción del país luego de la renuncia del Dr. Kuczynski, y lo hizo con buenos augurios, con un discurso conciliador que lamentablemente no se plasmó en hechos concretos.  Quizás llevado por la pretensión de elevar sus bonos en las encuestas, comenzó el presidente a incordiar al Congreso al que acusó de obstruccionista, lo que no es cierto pues desde el 2016 dio tres delegaciones de facultades, aprobó el Presupuesto General de la República para los años 2017, 2018 y 2019, otorgó el voto de confianza a los gabinetes ministeriales cuando asumían sus funciones, aprobó gran parte de las propuestas legislativas del Poder Ejecutivo, e incluso a mi parecer, fue sumamente generoso con el Gobierno Nacional en la fiscalización y revisión de los Decretos Legislativos emitidos por este último.

Diría que con falta de responsabilidad deseable, el Congreso aprobó hasta cambios constitucionales para satisfacer hasta ahora las exigencias gubernamentales, pero nada de ello fue suficiente, pues el Presidente de la República ha planteado reformar nuevamente la Constitución para recortar en un año el período del actual Parlamento así como el de la Presidencia de la Nación, bajo la oculta amenaza de disolver al Parlamento, lo que si bien puede hacerlo en los hechos, por detentar el poder, sería absolutamente inconstitucional y reñido con los principios democráticos, como bien han señalado los más versados de nuestros académicos constitucionalistas, ajenos por lo demás a la actividad política partidaria.  No vamos a repetir los argumentos de los estudiosos a que nos referimos, pues son hartamente conocidos y, porque además, es tema político más que abogadil.

Llama si poderosamente la atención de los que estamos en el centro de la inconveniente y fratricida lucha entre el Congreso y el Presidente de la República con su Gabinete, que el Poder Ejecutivo siga anteponiendo el pretexto de una crisis que es absolutamente solucionable con el diálogo patriótico, a cumplir con sus obligaciones gubernamentales.  Seguimos con carreteras tomadas, con convulsión social, con importantísimos proyectos mineros como Las Bambas, Cerro Verde y Cuajone con problemas provocados por quienes no quieren el desarrollo para tener campo fértil para sus ideas trasnochadas que solo han generado más pobreza con autoritarismo, en este mundo complicado en que nos ha tocado vivir. Encima se ha hecho seda y pabilo con el principio de autoridad.

No estamos ni para golpes disfrazados de supuesta constitucionalidad ni tampoco a los golpes francos, sean duros o blandos, pues ya es conocido que los autores, tarde o temprano, terminarán sus días en prisión.  Hay que buscar la concordia entre los peruanos e, insisto, con patriotismo buscar la agenda común que el Perú espera y trabajar hermanados por bien de nuestro Perú.

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